Mi mamá siempre ha sido una mujer de "dichos"; ya sabes, esos pedazos de sabiduría popular tan propios de nuestra cultura. Algunos eran aquellos conocidos por todos como "El que con lobos se junta, a aullar se enseña" o su favorito cuando de la escuela se trataba: "Mal de muchos, consuelo de tontos"(Pero mamá! 1/4 del salón reprobó!! Ah, que días aquellos...) Sin embargo, los mejores eran los de manufactura pueblerina (mi mamá es de Pénjamo, Guanajuato). Eventualmente uno se me revelaría como nada menos que profético, aquel que dice: "Hay gente que nace con 'Estrella' y gente que nace 'Estrellada".
A mí me ha pasado de todo, de verdad... situaciones ridículas propias de mala comedia americana y otras peores.
Cuando recién llegué a vivir a EU rentamos un pequeño departamento con vista a un río, ardillas, venados ocasionalmente; simpatiquísimo. Una madrugada durante el primer mes nos despierta un ruido infernal.
Que carajos esta sonando! Alberto, apaga tu p... maldito despertador.
Si no soy yo! - Contesta el pobre con cara de a-mi-que-me-esculquen, a sabiendas de que no hay peor ofensa que despertarme una vez que por fin logré conciliar el sueño.
No manches! Es la alarma contra incendios!! - Y en los 15 segundos que me tomó caer en la cuenta y decirlo en voz alta, ya brinqué de la cama, corrí al clóset y me puse los primeros tenis que encontré. Mi marido aún no termina de entender qué desastre natural ha sucedido que amerite que YO me LEVANTE DE MI CAMA a tal hora de la madrugada; pero también sabe que el segundo pecado capital en nuestro matrimonio es "no hacer como que Gina SIEMPRE sabe lo que hace".
Entonces, con paso calmado se acerca a la zapatera y se pone sus babuchas, calientitas porque allá fuera hay 30 cm de nieve.
Yo mientras tanto, ya entré y salí del clóset 3 veces sin poder decidir si la situación amerita salir en pijama o mejor ponerse unos pants... ya de perdis. Corro al clóset de las chamarras que esta en el pasillo y regreso con una para Beto, otra para mí, el abrigo de mi hija (entonces un bebé de 11 meses) y el suéter del perro.
Antes de ponerme la chamarra decido mejor salir en pants, quien sabe que piensen los bomberos; además, si todo se quema yo no voy a andar por la vida en pijama! Bueno carajo, agarra a la niña! Le grito al otro pobre que, para entonces esta mirando el suéter del perro con cara de ésta-esta-loca-pero-mejor-me-callo.
Salgo corriendo a la sala, al pasar por la recámara de la niña decido sacarla yo porque el otro se ve muy atolondrado. Agarro la cadena del perro, le aviento el gato a los brazos a Beto y lo último antes de salir del departamento, alcanzo a agarrar nuestros pasaportes.
Mientras bajamos a toda prisa por las escaleras me pregunto, si no se va todo a la ch... tengo que comprarme un carrito donde pueda aventar todos los documentos importantes para la próxima...
Salimos del edificio y... Qué, donde esta todo el mundo? - Le pregunto a Beto que es el último en salir pues esta tratando de bajarse al gato de la cabeza.
10 minutos pasan y nadie llega, esta haciendo un frío de 'pa' que te cuento', nadie más parece alarmarse y el edificio sigue en pie. Después de meditarlo un momento decido permitir que Beto se arriesgue a volver a entrar con tal de que 'la niña' no pase más frío.
Es una falsa alarma - Dice el pobre cuando regresa unos minutos después - Me encontré con el superintendente que esta tratando de apagar la alarma. Tiene una cara de cansancio... para entonces son las 3 am y él tiene que trabajar al día siguiente. Al subir las escaleras suelta esta joya: Ya se me hacía raro no ver humo ni oler a quemado.
Y PORQUE CARAJOS NO DIJISTE NADA! - Le contesto completamente indignada.
Pues no me dejaste ni hablar y saliste corriendo hasta con un cambio de ropa!
Ciertamente, si me hubiera preocupado menos por salvar cuanta cosa valiosa pudiese cargar, tal vez me hubiera concentrado más en buscar verdaderas claves de desastre y me habría ahorrado el oso de que los vecinos me vieran cargando hasta al gato; por otro lado, Beto habría tenido que ir a trabajar en pijama.
Esta es sólo una de las muchas circunstancias que me hacen pensar que mi familia, o al menos mi hermana y yo, somos perseguidas por una nubecita negra de lluvia a donde quiera que vamos. Si crees que esta historia es buena, espera a que te cuente de mi hermana y su récord automovilístico...
Qué anécdotas tienes tú para contarle a tu nietos? Yo se que tengo muchas y por eso habrá una segunda parte de esta pero mientras cuéntame de la tuya.