sábado, 14 de mayo de 2011

In Memoriam

Hace unos días, alguien especial para mí se nos adelantó en ese largo camino que a todos nos aguarda hacia el otro lado del río. A la vez triste, porque pasará un tiempo antes de que nos reencontremos, y tranquila porque donde él está ya no hay dolor; pasé gran parte de la semana debatiendo mi mente y corazón en este conflicto de emociones. Como un irónico reflejo del desasosiego dentro de mí, esta misma semana pasamos una fecha que conlleva particular felicidad: El día de las Madres.

Así pues, entre tristezas y alegrías recordé una poesía que leyera yo en mi infancia y que me recuerda muchísimo a mi madre. Gracias a Dios, aún no puedo decir que haya vivido en carne propia la tristeza de la que habla dicha composición; sin embargo, la pérdida de un ser cercano no me es ajena y todos los que se llaman afortunados como yo, podemos relacionarnos con las pesadillas que de tal ausencia se derivarían.

Porque igual duele un padre o una madre, porque la falta de nuestros seres queridos es siempre difícil de aceptar, aquí les dejo este poema.

A tí que ya no estás entre nosotros, te quiero. Saluda a aquellos que hace tiempo no vemos, los tenemos en nuestro corazón y en nuestros rezos. Dicen que uno sólo muere cuando nadie lo recuerda más; ustedes tienen mucha vida por delante.


UN RECUERDO

Es un recuerdo dulce, pero triste,
de mi temprana edad;
mi madre me llevaba de la mano
por la orilla del mar.

Alzábanse las sombras de la tarde
como pardo cendal,
y a gritar comenzaba en la cañada
en huaco pertinaz.

[…]
Más de improviso, atravesando el viento,
escuchóse fugaz
de las campanas de la aldea vecina
tañido funeral.

Detúvose mi madre y en silencio
la contemplé rezar,
y de llanto llenáronse sus ojos
y se inmutó su faz.

-¿Porqué lloras mi madre? Le decía
con dulce ingenuidad,
y ella me contestó dándome un beso:
-Es preciso llorar;

Que con lúgubre toque las campanas
anunciándome están
que un hombre, como todos, de esta vida
pasó a la eternidad.

-¿Y tú te has de morir? La dije entonces,
¿Tu amor me faltará?
Y ella sin contestar, nomás lloraba
y yo lloraba más.

Sobre su seno recliné mi rostro,
y ella con dulce afán,
enjugando mis lágrimas, decía:
-Vamos, ya está, ya está.

Pocos años después perdí a mi madre,
no ceso de llorar
y en sueños la contemplo cada día;
del Cielo viene ya.

Llega y se acerca hasta tocar mi frente
su rostro celestial,
y con acento tierno me repite:
-Vamos, ya está, ya está.

Rosa Espino.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Experiencias y Experimentos: El Experimento de Stanford Prison

En agosto de 1971 en una de las universidades más prestigiosas del mundo, la Universidad de Stanford en California, los alumnos de la carrera de Psicología diseñaron un experimento subvencionado por la Armada de los Estados Unidos, que buscaba una explicación a los conflictos en su sistema de prisiones y en el del Cuerpo de Marines. Dirigidos por el entonces docente en la universidad Philip Zimbardo, el grupo de investigadores intentaba probar que los rasgos propios de la personalidad de prisioneros y guardias resultaban claves en la disposición para soportar o imponer situaciones de abuso cometidos con frecuencia en las cárceles.

Los participantes fueron reclutados a través de anuncios en los diarios y el ofrecimiento de una paga de 15 dólares diarios (más o menos unos 60 dólares de hoy) por participar en la “simulación de una prisión”. De setenta jóvenes que respondieron, los veinticuatro que se estimaron más saludables y estables psicológicamente fueron seleccionados. Los participantes eran predominantemente blancos, jóvenes y de clase media; todos estudiantes universitarios.



El grupo de jóvenes fue dividido aleatoriamente en dos mitades: los “prisioneros” y los “guardias”. Más tarde los prisioneros expresarían su opinión de que los guardias habían sido elegidos por ser más robustos, aunque en realidad se les había asignado su papel mediante el lanzamiento de una moneda y no había diferencia clara de estatura o complexión entre los grupos.

La prisión fue instalada en el sótano del departamento de psicología de la afamada universidad que se acondicionó como cárcel ficticia. Un investigador asistente sería el “alcaide” y Zimbardo el “superintendente”. Dado que en las prisiones reales los prisioneros son sometidos a experiencias que los deshumaniza, diferentes condiciones dirigidas a provocar la desorientación, despersonalización y des-individualización de los participantes se establecieron.

Los guardias estaban uniformados con porras, uniformes caqui de estilo militar y lentes de sol tipo espejo para impedir el contacto visual entre prisioneros y guardias. Los guardias fueron organizados en tres turnos y volverían a casa durante las horas libres, aunque durante el experimento muchos se prestaron voluntarios para hacer horas extra sin paga adicional.


Los prisioneros debían vestir sólo batas con el número de prisionero cosido al frente y atrás, sin ropa interior y sandalias de goma para forzarles a adoptar “posturas corporales no familiares” y contribuir a su incomodidad y desorientación. Así mismo, se les designaría solamente por número, nunca por sus nombres y debían llevar medias de nylon en la cabeza para simular que tenían las cabezas rapadas. Como toque final, una cadena de metal sujetada alrededor de uno de sus tobillos como “recordatorio constante” de su encarcelamiento y opresión.

A los guardias no se les proporcionaron reglas explícitas aparte de la prohibición de ejercer la violencia física, pero se les dijo que era su responsabilidad dirigir la prisión y que podían hacerlo de la forma que creyesen más conveniente.

A los participantes seleccionados como prisioneros se les dijo simplemente que esperaran en sus casas una visita el día que empezara el experimento. Sin previo aviso la policía del departamento de Palo Alto, que cooperó en esta parte del experimento, se presentó y los arrestó por robo a mano armada. Los prisioneros fueron procesados tal como criminales reales, incluyendo la toma de huellas dactilares y de una fotografía para ser fichados. Tras este proceso fueron trasladados a la prisión ficticia, donde fueron inspeccionados desnudos, despiojados y se les dieron sus nuevas identidades.

Nadie podía prever entonces las terribles situaciones que estaban por presentarse y que conllevaron a la terminación prematura del experimento en sólo seis días. Estaba previsto que el experimento duraría quince. Los prisioneros sufrieron y aceptaron, un tratamiento sádico y humillante a manos de los guardias y al final muchos mostraban graves trastornos emocionales.

Tras un primer día relativamente tranquilo, la mañana del segundo se desataría un motín. Los guardias se prestaron como voluntarios para hacer horas extras y disolver la revuelta, atacando a los prisioneros con extintores. A partir de ese momento, los guardias trataron de dividir a los prisioneros y enfrentarlos situándolos en bloques de celdas para buenos y malos, haciéndoles creer que había informantes. Desconocido para ellos era el hecho de que tácticas similares son empleadas también en prisiones reales.

Los "recuentos" de prisioneros evolucionaron hacia experiencias traumáticas en las que los guardias atormentaban a los prisioneros y les imponían castigos físicos, que incluían ejercicios forzados; el derecho de ir al baño pasó a ser un priviliegio que se podía negar; incluso se llegaron a retirar los colchones de las celdas de los malos, forzándolos a dormir desnudos en el suelo. La comida también era negada frecuentemente como medida de castigo.


El investigador a la cabeza del experimento, Dr. Zimbardo, más adelante reconocería el grado creciente de involucramiento que él mismo sentía, guiando y participando activamente en él. El cuarto día, él y los guardias reaccionaron ante el rumor de un plan de escape tratando de trasladar a los presos a un bloque de celdas reales poco usadas por el departamento de policía local, idea que la policía - con toda razón - rechazó.

Con forme el experimento avanzó, muchos de los guardias incrementaron su sadismo, particularmente por la noche, pensando que las cámaras estaban apagadas. Cuando a los prisioneros se les ofreció la 'Libertad Condicional' a cambio de toda su paga, la mayoría aceptó; pero cuando ésta fue rechazada, ninguno abandonó el experimento. 


Algunos prisioneros empezaron a mostrar desórdenes emocionales agudos, llegando incluso a la presentación de sarpullido psicosomático en un caso. Llanto y pensamiento desorganizado entre los prisioneros se volvió cosa habitual y dos de ellos fueron afectados tan severamente que debieron ser reemplazados.

Uno de los prisioneros de reemplazo, al ver las condiciones de la prisión quedó horrorizado e inició una huelga de hambre que le costó la fama de revoltoso, no sólo entre los guardias, sino entre sus compañeros de pena que, psicológicamente sometidos, prefirieron meterle en confinamiento solitario que pasar una noche sin cobijas a cambio de dejarle proseguir con sus quejas.

El experimento fue finalmente suspendido cuando una estudiante de posgrado no familiarizada con el experimento objetó las condiciones de la prisión tras ser introducida para realizar entrevistas. Increíblemente, más de cincuenta personas externas habían presenciado el estado de las cosas en un momento u otro pero ninguno nunca cuestionó su moralidad.

Tristemente, después de pasar por todos los problemas de planeación y realización; después de haber traumatizado a una decena de muchachos que sin deberla ni temerla debieron de experimentar lo que prisioneros de guerra experimentaron en Abu Ghraib, habría que reconocer que el experimento estaba condenado a fallar desde el principio.

Para aquellos de formación no científica: es imposible pensar que se obtendrán resultados objetivos cuando uno de los investigadores se encuentra tan profundamente involucrado en su propio experimento, y me parece sorprendente que en una universidad de este nivel se haya pasado por alto semejante falta.

Otro tema por completo, y mucho más difícil de discernir, es qué aprendizaje se obtiene de este lío... prácticamente todas las conclusiones a las que los investigadores llegaron han sido rebatidas por experimentos más legítimos posteriores; sin embargo, es imposible repetir el estudio como tal, dado que actualmente esto rompería con TODOS los estándares de ética profesional (que cambiaron como consecuencia directa de éste y otro experimento: El experimento Miligram, realizado por un colega y amigo de Zimbardo).

Fuera del aspecto psicológico, como meros seres humanos pensantes, este experimento nos debería hacer cuestionarnos la funcionalidad de nuestras prisiones. Si estudiantes de universidad sin ningún antecedente legal, se transformaron en torturadores sádicos y 'prisioneros' deshumanizados y traumatizados; que sucederá dentro de prisiones reales? Y más importantemente, de qué nos sirve encerrar a alguien por algunos años si ahí sólo aprenderá a ser peor...

Definitivamente, algo para reflexionar.

viernes, 8 de abril de 2011

Sobre Ficción y Realidad. La Historia Detrás "Hotel California"

¿Cuando es mejor la ficción que la realidad? Es una muy buena pregunta que tiene muchísimas posibles respuestas pero el factor determinante aquí, sería el contexto.

En prácticamente todos los casos, la realidad es menos glamorosa y en contados ejemplos puede sobrepasar a nuestra imaginación. Sin embargo,  también es cierto que casi siempre es preferible conocerla, pues si bien la ignorancia tienes sus bendiciones, no por eso la situación es mejor. Por ejemplo: Si tu novio no te quiere y anda por la vida cortando amores como flores, pues el hecho de que no lo sepas te impide sufrir; pero eso no cambia que tu novio ni te quiere, ni te es fiel. En fin, hoy el tema va más hacia lo ligero; como antes decía: CONTEXTO. Hoy hablemos de los cientos de leyendas urbanas que circulan a nuestro alrededor y que alimentan nuestra imaginación y nos apasionan a chicos y a grandes.

Como todo aquel que haya tomado clases de idiomas en algún momento sabrá, la música es un recurso didáctico al que se recurre con frecuencia. Así fue como en mis años escolares, estudiando inglés, mi camino se cruzó con The Eagles,  famoso grupo de rock-country americano; específicamente, con su canción más reconocida: Hotel California. Por supuesto, el chiste del ejercicio era escuchar la letra de la canción y tratar de entenderla. Alguna vez le has prestado atención? Es bastante inusual y un poco tenebrosa, así que estaba escrito en las estrellas; fue un amor a primera vista... bueno, oída.

Tooodos saben que soy una fan empedernida de todo aquello paranormal, terrorífico, endemoniado o, al menos, tenebroso. La letra me cautivó inmediatamente y mi admiración no pudo más que crecer cuando mi profesor nos contó que la letra estaba basada en la historia real de un par de asesinos en serie que tenían un pequeño hotel al pie de la carretera donde servían a los inquilinos como plato principal. Ah! Qué más necesita la ferviente mente de una adolescente para dejar su imaginación volar!

Pasaron años y yo repetí la historia un sin número de ocasiones y, por supuesto, nunca la olvidé; sin embargo quedó relegada al archivo de mi cerebro bajo el rubro: Enciclopedia de Conocimientos Inútiles. Ayer, mientras recogía la casa escuchaba música, cuando mi iphone tiene a bien poner la canción después de meses de no oírla (lo tengo siempre en el modo 'random', de forma que él elige qué es lo que escucho). Como ya había terminado con mis quehaceres domésticos y tenía un poco de tiempo disponible, decidí buscar en internet las historias que circulaban sobre esta canción... oh! terrible decepción.

No sólo hay mucha gente que no cree en todas las leyendas urbanas que rodean al tema, sino que en diferentes ocasiones los mismos Eagles fueron entrevistados y desmintieron toda conexión paranormal o tétrica. En sus propias palabras, la canción es una metáfora sobre el acelerado ritmo de vida que ofrece la ciudad de Los Angeles y su decadencia, que atrapa toda la inocencia de aquel que arriva con sueños de grandeza, y lo envuelve en drogas, dinero y/o violencia.

OOPS...

Seguí leyendo, al menos para conocer las diferentes historias que se habían hecho populares desde el año mismo de su estreno. Bueno, hay varias; 1. El grupo era parte de La Iglesia Satánica, dirigida por Anton LaVey, y la canción hablaba de las ocurrencias regulares en el seno de esta secta. 2. La historia que anteriormente te relaté sobre los hoteleros caníbales. 3. En Chicago, por aquellas fechas había una prisión y otro rumor era que la letra contaba diferentes historias que habían sucedido dentro de ese lugar. Y finalmente,  4. En Los Angeles se encontraba el entonces famoso hospita psiquiátrico: Camarillo State Hospital, al que popularmente llamaban "Hotel California". La canción supuestamente contaba la historia de un paciente delirando.

La más famosa por mucho y sobre la que hay más información es la que envuelve a los músicos con La Iglesia de Satán. El mito es fascinante, y leyendo todas las pequeñas claves que aquellos que aún defienden esta versión encuentran, tanto en la letra como en la fotografía del álbum, es fácil dejarse seducir y creer sólo por un momento... si no puede ser real, al menos podemos permitirnos soñar.

Los hechos que ningún fan de esta banda y canción me perdonarían nunca olvidar, es que el solo de guitarra que se escucha en la versión original es considerado por los fans, como el mejor solo de guitarra de la historia, y por los críticos y conocedores, como el número 8. El álbum es considerado como el número 37 en toda la historia (Rollong Stone Magazine) y tanto el álbum como todos los miembros de la banda han sido inducidos al Salón de la Fama del Rock.

Ahí está, una maravillosa historia que aún hoy causa controversia.
Disfruten de su fin de semana!
Acercamiento de la contraportada que supuestamente
muestra a Anton LaVey en el verdadero Hotel California,
la supuesta primera Iglesia Satánica en EU. En realidad se
trata del Beverly Hills Hotel conocido como 'Pink Palace'.


PD. Para todos aquellos interesados en profundizar en la historia, les dejo dos links super completos.

http://hotelcaliforniameaning.com/
http://www.snopes.com/music/songs/hotel.asp

jueves, 10 de marzo de 2011

En la Obscuridad

Se levantó del sillón con pereza y avanzó hacia el televisor. Un segundo después se encontraba rodeada de las más profunda obscuridad; su otros sentidos agudizándose mientras sus ojos se adaptaban a la ausencia súbita de luz. Total silencio. -Por fin- pensó ella trayendo a su mente la imagen de su pequeña hermana durmiendo en su camita, rodeada de princesas de peluche y estrellas de colores en las paredes. Había sido un tormento lograr hacerla dormir y cuando la dejó sola en su recámara con el pequeño destello de nubes girando por toda la habitación, cortesía de la lámpara de noche; la pequeña había llorado con tal fuerza que sus lamentos ahogaban los gritos de Jamie Lee Curtis escapando por un pelo de convertirse en la siguiente víctima de Michael Meyers.

Con pasos lentos subió las escaleras, se asomó por última ocasión a la recámara contigua a la suya y mirando la despeinada cabellera castaña que se adivinaba entre las cobijas, sonrió con ternura. Una vez en su cuarto se cambió, asegurándose de cerrar bien las puertas del clóset y baño contiguo; era absurdo y se avergonzaba de tener que reconocerlo pero aún a sus quince años, no podía dormir con las puertas entreabiertas.

Al sentir el contacto de las frías sábanas con su piel suspiró de placer, estaba cansada. Cuidar a una enana de cinco años era bastante más trabajo del que había previsto, tendría que ser más amable con mamá. Un pequeño crujido en la obscuridad la sobresaltó y con gran aprensión volteó en todas direcciones. Con las cortinas cerradas y sin fuente alguna de luz no podía estar segura pero parecía que la puerta del clóset se había entreabierto. -No puede ser, son las sombras jugándome una mala broma- pensó ella mientras en el fondo de su mente resonaban las palabras con las que había amenazado a su hermana, "Sino te duermes temprano, va a venir el coco a jalarte las piernas!" Tal vez había sido demasiado dura con la pequeña, después de todo sólo quería compañía; pero ella no se iba a quedar en la rosada habitación sin más qué hacer y si la chiquilla bajaba, entonces no habría podido ver 'Halloween'. -Y la disfrutaste tanto con sus chillidos resonando por toda la casa...- Bueno, lo hecho, hecho estaba y no se podía cambiar.

Un nuevo crujido la hizo brincar. Con sudor frío corriéndole la espalda, miró hacia la temida puerta donde un par de destellos brillantes la hizo pensar en ojos mirándola. Con rapidez cerró los párpados, -No es nada; mi conciencia que me mata por no ser más tolerante con la peque. Mañana sábado la voy a llevar al parque y toda va a estar bien- Se concentró en el sonido de autos pasando por la autopista que se encontraba junto a su casa, en los ruidos que la alcanzaban desde la calle con un millón de gente concentrada en la normalidad de sus vidas y los envidió. Mientras todos los monstruos de su infancia la acechaban, cómo desearía poder compartir la normalidad del mundo detrás de su ventana.

El siguiente sonido fue el de algo arrastrándose sin parar, un movimiento lento pero determinado; con propósito. Eso no es el gato. Otro animal; tal vez un... cuerpo?-

El rechinido de la madera del piso cerca de su cama le indicó la dirección de la cosa. Viene hacia a mí!-

El sonido crecía cada vez más claro, arrastrándose inexorablemente hacia ella. Calculó que para ahora debía estar junto a su cama y no pudo más, abrió los ojos y en esta ocasión era innegable, una chamarra negra la miraba silenciosa desde el interior de su armario. Inundada por el pánico se levantó de un brinco, tratando de llegar al interruptor de luz junto a su puerta; deseando que la luz revelaría algo inocuo de lo que se reiría, pero incapaz de afrontarlo en la obscuridad.

-Dónde están mis papás, carajo!- Apenas dio un paso, algo suave y viscoso se enredó entre sus pies precipitándola contra el piso. Su mente iba a mil por hora, tratando al mismo tiempo de encontrar una explicación natural a esta catástrofe e imaginándose qué clase de criatura la asediaba. Con locura trataba de ponerse en pie pero mientras más peleaba, más tenía las piernas inmovilizadas; de pronto sintió un tirón. Algo cayó sobre su cara impidiéndole ver a su atacante o hacia donde la llevaba, intentó gritar en vano pues la misma sensación viscosa se apoderó de su garganta tan pronto encontró una apertura. Peleando con todas sus fuerzas logró descubrirse parcialmente. Con horror entendió que tenía la mitad del cuerpo dentro del clóset. Trató de gritar aún con más fuerza sin mejores resultados; con determinación arrojó su cuerpo hacia la puerta, la agarró con ambas manos pero su opresor era demasiado fuerte. Lo último en desaparecer fueron sus dedos, ensangrentados, dejando detrás suyo sólo una uña mientras la fatídica puerta se cerraba detrás de ella.

viernes, 4 de marzo de 2011

Payback is a Bitch

Como recordarán bien aquellos lectores asiduos, estoy pasando por un periodo de mi vida muy agitado. Desde el mes de Noviembre del año pasado estoy inscrita en la Universidad de Quebec en Montreal (UQAM) estudiando francés, pero no es un cursillo como aquellos normales de idiomas; no, a éste le quedaría mejor el nombre de "Inmersión Súbita y Prolongada en Francés". Créanme, este curso lleva al extremo aquella famosa frase de "Aprendes o aprendes" con seis horas diarias de Gramática, Práctica Oral y Pronunciación... y encima te dejan tarea... En fin, es pesado para alguien soltero, sin hijos y sin trabajo pero como la mayoría sabe, ese no es mi caso. 

Al mismo tiempo que yo intento avanzar mi carrera como escritora, mi maridito trabaja a tiempo completo (sino no tendría ni computadora para escribir esto) y está estudiando una maestría a tiempo parcial y por si fuera poco, nuestras hijas van a escuelas diferentes de 8am a 6pm y pertenecen a un equipo competitivo de gimnasia olímpica que entrena martes y jueves de 4:30 a 8pm... que tal? 

Con tantas cosas es de esperarse que los nervios de todos estén a flor de piel y la más inocente mirada puede inicia una batalla sino se presenta en el momento indicado. Así pues, este miércoles pasado mi Peor-es-nada tenía clase en la Universidad por la tarde, como todos los miércoles, pero además tenía una junta que iba a terminar tarde, así que no podía pasar a recoger a mi pequeñita como le tocaba. El martes a las 10:30 de la noche, cuando yo estoy por quedarme dormida de cansancio me dice sin más particulares: "Oye, mañana tengo unos problemas en la oficina y no voy a poder pasar por la niña. Puedes recogerla tú?"

Por un segundo lo pensé y le dije con toda tranquilidad "Pues fíjate que no". Por la forma en que sus ojos se abrieron como platos y volteó a verme pude deducir que no esperaba mi respuesta. Aquí estaba yo pensando, Pues este hombre que se piensa, que yo no tengo nada más que hacer? Está loco, yo ya tengo que correr como loca por todos lados y además ésto, no, me niego. No lo voy a hacer... Yo ya tenía que recoger a la otra niña en otra escuela, hacer de comer y bañarlas a las dos, así que me monté en mi burro. Poco a poco las voces se fueron elevando y se convirtió en una gran discusión. Entre berrinches aquí y dramas allá (No, no te preocupes; ya veré yo cómo me las arreglo), Mr. Telenovela decidió informarme de exactamente a qué le llama él "problemas" y entendí mejor que no me quedaba de otra más que aceptar; pero no sin antes subrayar el grado de inconveniencia que me causaba su falta de previsión con un melodramático: "Ok, pero voy a tener que faltar a la escuela y si me reprueban va a ser tu culpa". Así finalmente nos fuimos a dormir.

Al día siguiente me salí temprano de la escuela como había planeado y decidí regresar a casa por el coche para que después fuera más rápido recoger a ambas niñas y llegar a tiempo a cocinar y terminar con los deberes hogareños. Ahí voy yo, muy contenta de regreso cuando una amiga me informa que hay venta por final de temporada en una tienda departamental y todas las botas están de remate. Que mujer puede resistirse a tanta tentación??? Pasé rápidamente a la tienda sólo para ver, porque no llevaba mi cartera pero tal y como todo aquel que me conozca podría haber previsto, encontré dos pares de botas bellísimas y a tal precio que no podía negarme pero... mi cartera... demonios!

Como no hay humillación que un par de zapatos no haga menos, decidí llamarle a mi media naranja y pedirle por favor que pasara a liquidarlas porque yo las iba a dejar apartadas. Ahí va mi orgullo- pensé y en ese momento empecé a arrepentirme por dejarme llevar por el enojo. Beto accedió sin pestañear y muy contenta regresé a casa con planes de hacerle un pastelillo... un día de estos.

Llegó el momento de ir por mis hijas y, planeando no tardarme nada, decidí salir en mallones y una chamarra no muy gruesa. Pasé por la mayor primero y juntas nos dirigimos a la escuela de la segunda. Una vez las tres juntas senté a las niñas en sus sillas y me dispuse a partir, excepto que el carro no arrancó... como?? Pero porque!! 

Soy una nulidad en mecánica pero sé lo suficiente como para saber que me había quedado sin batería. Y ahora? Porqué Dios, que te he hecho yo a ti?? 

Por cierto, te dije que había dejado mi cartera en la casa?

Resignada y sintiéndome aún peor llamé a Beto que corrió a entregar un trabajo a la Universidad y me alcanzó en el tiempo record de veinte minutos. Para colmo la temperatura empezó a descender y estábamos a -17 o -18ºC, mis hijas tenían hambre y yo no sentía los dedos de los pies. Con la esperanza de que un amigo pudiera tener cables para pasarnos batería, le llamamos y mientras él llegaba nos metimos a un restaurante que estaba en frente de la escuela. Ahí cenamos y nosotras esperamos al tiempo que ellos buscaban una solución.

Finalmente no se pudo hacer nada porque no teníamos cables. Nuestro amigo nos trajo a la casa y estábamos entrando a las 8:30pm, congelados, cansados, con niñas cochinas, Beto perdió la mitad de su clase y yo llegué sin botas...

Moraleja: Cuando alguien te pida ayuda, piénsalo dos veces antes de decir que no, y si tú vas a pedir ayuda, hazlo con respeto y valorando la importancia del tiempo de otros... no vaya a ser que la vida venga a darte de una lección de modales y como dirían los americanos: Payback is a bitch.

martes, 1 de marzo de 2011

Alz y Heimer

La historia que estoy por relatarte sucedió hace tiempo ya y es un clásico dentro de mi familia. Por si no lo habías notado antes, mi familia es propensa a situaciones embarazosas, pero además somos muy buenos para guardar memoria de tales eventos y no permitir que el involucrado olvide nunca el estigma de haberse puesto en evidencia. Esta anécdota involucra a mi mamá y mi abuela, y a riesgo de ser desheredada, aquí te va.

Era la tarde de un domingo común sin mucho que hacer y algo había sucedido al coche de mi papá que tenía que llevarlo a reparar; así pues, enlistó la compañía de su querida madre que podría seguirlo hasta la mismísima Villa en pleno día de la Guadalupana, en coche y a pleno rayo de sol. Por supuesto mi madre no se quedó atrás, que de poder, se habría safado pero es demasiado lista como para saber cuando la invitación es retórica; y yo, que seguramente no tenía nada mejor que hacer. Mi hermana, como toda buena rata saltó del barco y se largó con unos amigos. En tales circunstancias fuimos los cuatro y cuando mi papá entró al taller a dejar el coche y platicar un poco con el mecánico, que resulta ser un familiar; nosotras nos quedamos afuera platicando tranquilamente.

Mi mamá se encontraba a mi derecha, recargada en la defensa de un coche estacionado frente al taller; mi abuela se sentó en una banca metálica localizada a cierta distancia de mi mamá y a mi izquierda. Sin haber más opciones, yo me senté en la banqueta justo entre las dos sin saber que había elegido la mejor posición para atestiguar las grandes habilidades de comunicación de mis mayores influencias femeninas. Mi abuela comienza entonces con "Hay, pues fíjate que Angeles me invitó a una fiesta en su casa"
A lo que mi mamá contesta "Pues que bien, no?"
"La verdad, no se si ir porque Rene no me puede llevar y luego..."
Aquí mi mamá interviene tratando de completar la frase de mi abuela, "Está muy lejos..."
Y mi abue contesta, para mi sorpresa y con toda seguridad: "No, déjate del metro; me voy en autobús pero..."
Mi mamá interviene otra vez "Y para cuando se vaya todo el mundo..."
Mi abue dice "Sí pues, y se tarda muchísimo. Además no tengo..." Y hace señas como tratando de recordar el nombre de algo.
"La dirección!"
Y mi abue concluye "Eso, el regalo"

Para este momento ya no pude más. Ellas estaban completamente convencidas de tener una conversación inteligente, y se entendían! Solté la carcajada, les expliqué lo que pasaba y desde entonces les llamamos Alz y Heimer. Pero no crean que se han redimido... hay aún otro famoso intercambio; esta vez entre mis papás.

Una oficiosa tarde de miércoles regresábamos del cine los cuatro. Mi mamá iba al volante, mi papá como copiloto, yo sentada atrás pero con la cabeza apoyada entre los dos asientos delanteros para no perderme del chisme, y mi hermana, como siempre, perdida en el espacio sin prestarnos la menor atención. La ciudad de México es enorme y complicada, con muchísimos autos, donde llegar a la tienda que está detrás de tu casa te puede tomar 30 min en coche. Así entonces, estábamos atrapados en el tráfico y mi mamá, ya molesta con la situación dice: "Bueno, que tengo cara de idiota? O porqué se me meten a mí todos los coches?"
Mi maravilloso padre entonces suelta: "Ah, pues es que ya son las seis!"
"Y qué a las seis me pongo más idiota???"

Como producto de una familia de características como las de la mía, creo que la genética me ha dado ciertas aptitudes para tener una visión privilegiada cuando se trata de malos entendidos y a veces me pregunto: Si alguien hubiera estado sentado entre Iran e Iraq o entre Bush y Hussein, qué hubiera escuchado?

martes, 8 de febrero de 2011

De Amigos y Amigos

A través de los años todos formamos amistades, algunas profundas que impactan de forma importante nuestra vida y otras superficiales que nos brindan alegría momentánea y desaparecen con el paso de los meses o los ciclos escolares; sin embargo tarde o temprano nos encontramos con aquellas amistades que nos decepcionan o nos rompen el corazón en una variedad de formas. Estos son los hechos de la vida, no hay más que hacer ni como evitar que esta realidad nos toque a todos, lo que a mi me sorprende es como la mayoría de la gente, particularmente mujeres, tienden a conservar TODAS sus amistades sin importar cuan buenas o malas hayan probado ser.

Está más allá de mi capacidad de comprensión el porqué algunas personas consideran una muestra de su superioridad moral su capacidad de conservar amistades que les han hecho daño; para mi esto habla más de su incapacidad para cerrar un capítulo de su vida con una etiqueta que dice "FRACASO" o, en el peor de los casos, evidencía su baja autoestima. Analicemos paso a paso pero primero pongamos algun ejemplo: Imagina que tienes una amiga que NUNCA te llama, puede ver en el facebook que las cosas más maravillosas te suceden o que estas terriblemente triste y ni sus luces... hasta que se queda sin novio; entonces te llama día y noche para llorar en tu hombro y no se cansa de publicar por todos los medios posibles que ustedes son casi como hermanas. De veras???

1. Hablando de superioridad moral: El que seas capaz de perdonar a alguien que te ha lastimado no significa que debas de conservar la relación. Puedes perdonar a alguien y sinceramente no guardarle rencor pero si no te llamó cuando pasaste las peores y las mejores, crees que será diferente en el futuro?

2. Relaciones fracasadas: Normalmente invertimos una gran cantidad de tiempo y de nosotros mismos en nuestras amistades y como un divorcio, una amistad fallida trae tristeza y decepción. De la misma forma que una pareja puede permanecer junta aún cuando la relación es violenta o tortuosa por el miedo a reconocer que se ha fracasado, igualmente terminar una amistad de tajada representa explicarle a aquellos amigos comunes que "no funcionó" y a veces esta situación prueba más difícil que mantener contacto con una persona que no nos valora.

3. De baja autoestima: Este es un problema de lo más común y peor aún, muchas personas ni siquiera se percatan de que tienen un problema. Recuerdas cuando en la escuela o tu mamá te decía "No hagas a otros lo que no quieres que te hagan"? Bueno, también te decían: "Te tienes que querer a ti mismo/a". Esta última yo la veo como la inversa de la primera; para mi lo que quiere decir es que no esta mal que esperes de la gente cercana a ti lo mismo que tu das, la misma entrega, el mismo amor; se vale porque tú lo vales. Y como sabes que tú lo vales? Porque tú pones tu propio precio. Al mismo tiempo también nos enseñaban la burrada de "Tienes que dar sin esperar nada a cambio"; esto es una verdadera estupidez fuera de que lo apliques a donar dinero o tiempo a una causa social. Cuando se trata de tu propia vida y relaciones tenemos derecho de PEDIR; igual que una casa cuesta tanto, mi amistad te costará llamarme una vez por semana, o contestar el teléfono y oírme llorar hasta las tres de la mañana porque mi gato se murió. Habrá quien piense que eres una amistad de alto mantenimiento y se aleje de tu vida, pero siempre habrá alguien que valore todas las ocasiones que tú escucharás al otro lado del teléfono.

Bajo ninguna circunstancia pretendo ser la pequeña Buda de las relaciones humanas pero basada en la "Filosofía de Vida Según Georgina" (que a mí me ha funcionado de maravilla) a aquellas personas que no han sabido devolver amor con amor, confianza con confianza y perdón con perdón, es mejor no tenerlas cerca más. No les guardo resentimiento porque la vida es muy corta para viajarla con odio pero veo mi vida como la fiesta de los Oscares: se requiere de etiqueta y nos reservamos el derecho de admisión.